Comino

La pequeñísima isla de Comino, que fue en un tiempo escondrijo para piratas y contrabandistas, se encuentra justo en el medio del canal entre Malta y Gozo. Esta isla virgen es un refugio para los amantes de la natación, el buceo de superficie, el submarinismo, el windsurf y cualquier otro deporte acuático. La Laguna Azul, de aguas marinas cristalinas rodeadas de impresionantes cuevas, constituye una de las vistas más espectaculares del archipiélago maltés.

Con un área de únicamente 1,5 kilómetros cuadrados y una población residente de cuatro personas, Comino es perfecta para escaparse. No hay tráfico, y el ruido es casi inexistente. La isla, sin embargo, cuenta con un moderno hotel, una pequeña capilla y una atalaya de la Orden, construida por el Gran Maestre Alof de Wignacourt en el siglo XVII.

La capilla, dedicada al Regreso de Nuestra Señora desde Egipto, se construyó en 1618. Desde entonces, se ha restaurando en numerosas ocasiones, y se alza en el lugar donde hubo antaño una iglesa mucho anterior. Una carta de navegación del siglo XII que se encuentra en el Museo Marítimo Nacional Británico de Greenwich muestra una iglesia donde se erige la iglesia actual.

Para descubrir la auténtica magia del mar que rodea a las Islas Maltesas (natación, buceo de superficie y submarinismo) hay que visitar Comino. Incluso si no te hospedas en la isla, la Laguna Azul, con sus aguas turquesas, convierte cualquier paseo en barco, ya sea propio, de alquiler o público, en un día memorable.
En invierno, Comino es genial para dar paseos y tomar fotografías. Sin zonas urbanas ni coches, ni siquiera turistas veraniegos, es, ni más ni menos, abrumadoramente tranquilo.